¿Qué hago si mi pariente no quiere seguir el tratamiento?

¿Qué hago si mi pariente no quiere seguir el tratamiento?

Es normal que las personas se preocupen por sus familiares y parientes. Muchas veces, los cónyuges, los padres o los hijos quieren apoyar a su familiar con diabetes. El problema es que a veces podemos sentir que nuestro familiar “no quiere obedecer”: No quiere hacer la dieta o el ejercicio. O siempre se queja de hambre o de que las medicinas le hacen daño y no le mejoran los niveles de azúcar (aunque nosotros sospechamos que no se las toma). Una pregunta muy frecuente es ¿Qué hago si mi pariente no quiere seguir el tratamiento?

“¡Regáñelo, doctor!”

Si alguna vez ha tenido esta sensación de conflicto con la familia o los amigos por el tratamiento de la diabetes, no está solo. Este es un problema relativamente común, que, a pesar de todo, se puede resolver favorablemente para todos los involucrados. Analicemos lo que ocurre, ya que en muchos de estos casos se forma un círculo vicioso:

  • El pariente interesado se da cuenta de que la persona con diabetes está mal. Empieza a seguir la pista de las cosas que hace o deja de hacer. Empieza a vigilar de cerca lo que come. Lo hace con amor y con buenas intenciones. Por supuesto, las diferencias entre lo que nosotros creemos que la persona “debería hacer” y lo que en realidad hace pueden causar conflicto. Solo que llega el momento en que esto se vuelve obsesivo.
  • Esto genera mucha presión psicológica sobre la persona que tiene diabetes. De repente, se siente vigilada. Hay una especie de “policía de la diabetes” detrás de él o ella. La respuesta psicológica normal es resistirse a este trato.
  • Esto hace que la persona con diabetes se siente enojada. Podría ser que reaccione violentamente, o con tristeza o quejas. Lo que es seguro, es que su actitud hacia lo que se le está demandando sea aún peor. Por ejemplo, es posible que diga “de todas formas me voy a morir, así que seguiré comiendo”. O podría decir “déjame, quiero estar sola”, aunque esté necesitando apoyo y cariño con todo su corazón.
  • En este momento, todo está dispuesto para el desastre. La persona con diabetes se pone peor de su salud. Y la vida se vuelve un pleito constante, un círculo vicioso lleno de amargura.
  • Lo siguiente es la llamada, o la visita al médico: “Fíjese que mi papá (o mi mamá, o mi hijo…) no quiere hacer caso. No obedece y está muy mal. Por favor regáñelo doctor”. O lo que es peor, el médico le regaña sin que se lo soliciten.

Cuál es la mejor solución: ¿Regañar o colaborar?

En un conflicto interpersonal, siempre hay dos puntos de vista.

Muchas veces, parados desde fuera y viendo a una persona que pensamos que se está haciendo daño con su actitud, nos olvidamos de que es una persona adulta y puede tomar sus propias decisiones. Es posible que esté pasando por momentos difíciles, pero podemos estar seguros de que, si lo hablamos, la persona con diabetes quiere mejorar su salud. Si en realidad queremos salir del conflicto, necesitamos comprender el punto de vista de la otra persona. Podríamos preguntar, ¿Qué sientes? ¿En qué te apoyo? ¿Cómo te gustaría que te trate?

Por otro lado, podemos asegurarle que nadie, absolutamente nadie que tiene diabetes, quiere tener complicaciones. Todos los seres humanos queremos estar bien, sentirnos bien y disfrutar la vida. Si la persona con diabetes no está bien, pueden estar pasando varias cosas. Por ejemplo:

  • Primero, verifiquen con su equipo de salud que el diagnóstico y el tratamiento sean los correctos. Si el tratamiento no es el indicado, la persona puede que no logre las metas de control, aunque lo cumpla como le indicaron.
  • Si la dosis del medicamento es muy baja, el azúcar seguirá alta y la persona se sentirá peor. O si la dosis es demasiado alta, es posible que los bajones de azúcar le hagan sentir tan mal, que viva ansioso o temeroso, sintiéndose morir.
  • Hay que considerar los efectos secundarios del tratamiento. Por ejemplo, la metformina causa dolor abdominal. Definitivamente, si un medicamento causa molestias, lo que hay que hacer es cambiarlo. En vez de esto, algunos médicos prescriben otro medicamento para quitar el dolor– y éste causa estreñimiento. En estos casos, la persona tiene toda la razón de sentirse mal, especialmente si los niveles de azúcar no bajan. Lo que necesita es un cambio de tratamiento ¡Y no un regaño!
  • Si la dieta es extremadamente severa, no solo no servirá para controlar el azúcar, sino que la persona subirá de peso, tendrá hambre y pasará de mal humor todo el día. ¡La vida con hambre es un martirio!
  • y si además de todo lo anterior, se siente sin fuerzas físicas, seguro que no querrá hacer ejercicio. De hecho, se recomienda posponer el ejercicio físico hasta que el azúcar esté en valores normales y la dieta sea adecuada para los requerimientos de la persona.

Resumen: colaborar y apoyar, en vez de regañar

En resumen, la actitud de “policías de la diabetes” puede causar mucho dolor y sufrimiento, tanto al familiar que ejerce el control, como a la persona que lo recibe. Está demostrado que este estrés perjudica la salud mental de la persona con diabetes y su control de azúcar. Además, estos conflictos alteran negativamente las relaciones familiares.

En cambio, si se determina la causa del descontrol metabólico, se puede trabajar con varias herramientas para controlar la diabetes. Por ejemplo, medir los valores de azúcar sirve para confirmar el efecto que tienen los medicamentos, los alimentos o el ejercicio. Cuando la persona puede ver sus resultados, no necesitará que nadie la regañe, ya sabe por experiencia cómo le afecta cada situación.

Recuerde, sí es posible conciliar el amor y la preocupación por nuestros familiares, con un tratamiento adecuado, que no le “mate de hambre”, sin efectos secundarios pero con buenos logros del tratamiento con medicamentos. Podemos empezar por confiar y creer en lo que la persona nos dice, para trabajar en equipo en la resolución del problema. La cuestión, además del control metabólico, que es 100% alcanzable, es mantener relaciones familiares armoniosas y edificantes. Que podamos ser felices, mientras llevamos un adecuado control de la diabetes.

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